Opinión: Paso a Paso, cómo transitar hacia la nueva normalidad

18 · agosto · 2020

Columna de opinión de Enrique Calderón, profesor de Prevención de Riesgos USM Viña del Mar.

En muchos países se ha implementado estrictas medidas de distanciamiento físico y protección personal como un esfuerzo extraordinario para reducir la transmisión del SARS-CoV-2. Estas han funcionado, aunque con diferentes niveles de resultado, pues depende de muchos factores que van desde la calidad y capacidad del sistema de atención de salud, los niveles de pobreza y el aporte estatal a las familias de mayor carencia, e incluso el tipo de cultura preventiva de cada nación.

Mundialmente ha habido de signos de mejora parcial y sostenida, aunque no hay datos contundentes para asegurar que la enfermedad se encuentra en periodo de retirada, pues el fantasma de la temida segunda ola, que ya ha tocado algunos lugares, emerge como una sombra tenebrosa en el alma de nuestra sociedad.

En Chile, uno de los riesgos adicionales que se ha evidenciado es la creciente desconfianza de la ciudadanía en las decisiones del Gobierno, lo que muchas veces se traduce en el poco interés por comprender y cumplir las medidas preventivas que se han impuesto. En esta línea, es imperativo que las decisiones de las autoridades involucren fuertemente la opinión de grupos interdisciplinarios que incluya a las comunidades, las empresas, la academia, entre otros.

El Gobierno de Chile ha implementado una estrategia que consta de cinco etapas, que van desde la cuarentena hasta la apertura avanzada y en las cuales se irá avanzando o retrocediendo en base a criterios epidemiológicos que debe cumplir cada región.

Para la aplicación de este plan será esencial que el Gobierno tome decisiones informadas sobre los periodos de transición de una etapa a otra, comunicando esa lógica con claridad a las comunidades, pues sabemos que la reapertura aumentará el riesgo de propagación de Covid-19, por lo tanto es indispensable que quienes toman estas decisiones sepan que volver a abrir las empresas y lugares de afluencia de público aumentará los riesgos de contagio, y que aún no hay ninguna forma de protegerse completamente de ese peligro.

Para tomar decisiones informadas, es indispensable realizar evaluaciones de riesgo que aporten a las decisiones sobre la reapertura, manteniendo al menos como pilares fundamentales la probabilidad de contacto (con personas contagiadas) y la consecuencia (impacto) que podría traer el contagio en los individuos expuestos a él.

Datos publicados sugieren que la transmisión ocurre principalmente a través del contacto prolongado y cercano. En los estudios que han monitoreado a personas con una exposición conocida a un caso confirmado, los miembros del hogar, aquellos que informan contacto frecuente y las personas que han viajado juntas o han compartido una comida, son aquellos que generan riesgo de infección.

Bajo estos parámetros, se puede señalar que el mayor peligro de contagio se encuentra principalmente en la reapertura de tres tipos de actividades: las que constituyen reuniones masivas de personas, actividades de transporte masivo y las actividades de educación presencial.

 

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