Opinión: Plebiscito, pandemia y expectativas

21 · agosto · 2020

Columna de opinión del académico del Departamento de Estudios Humanísticos, Claudio Tapia Figueroa.

“Una Constitución hecha por la gente”, una consigna que se tomó la agenda país, y que nos tiene ad portas del debate sobre la modificación o la refundación de nuestra principal hoja de ruta que, entre sus ejes clave, tiene determinar los mecanismos para su ejecución y quiénes serán los encargados de su confección, todo ello bajo la expectativa de que sea llevada de forma racional, fundamentada y no excluyente.

La Carta fundamental debe consagrar derechos y deberes de la ciudadanía, pues no solo es una representación de principios y valores, sino que también es la base del ordenamiento del Estado para la convivencia de la sociedad chilena, y como tal, debe recoger y no ignorar nuestra historia.

Así, la responsabilidad ciudadana en dicho proceso es una tarea vital, porque sus efectos serán determinantes en todos los aspectos de la vida nacional. Más todavía en el presente escenario de pandemia global y sus efectos en nuestra cotidianidad.

En este complejo escenario nacional, ¿cómo equilibrar el derecho de votación con el derecho a la salud, ambos consagrados constitucionalmente? Este es uno de los desafíos que enfrenta el SERVEL, un tema netamente logístico, pero que tiene asociado un factor más profundo: ¿cómo hacer que la ciudadanía se haga responsable, no solamente participando en el proceso con los resguardos sanitarios, sino que también en su actuar en las etapas posteriores a éste? Más todavía en un escenario de incertidumbre nacional y mundial, que ha mostrado la multiplicidad de comportamientos humanos, desde la incredulidad y el conspiracionismo epidemiológico, hasta quienes han dejado todo por ayudar a su comunidad.

Lo que pasará a partir del 25 de octubre marcará a las próximas generaciones. Sea cual sea la decisión del voto, los efectos se verán reflejados en el corto y mediano plazo, requiriendo un mayor compromiso de la población en función de las banderas que defienden, pero también de la estabilidad del sistema político chileno, ello porque la actual crisis de representatividad y la escasa o nula creencia en las instituciones, han puesto una valla difícil de ignorar.

Para que las expectativas de la mayoría se reflejen en la realidad de los resultados del plebiscito, se requiere la mayor transparencia posible. En la actualidad no quedan muchas instituciones del Estado que puedan soportar la crítica de parte de la ciudadanía, la misma que hace unos meses atrás señalaba que la pandemia era un invento de las autoridades para retrasar la acción plebiscitaria.

Una vez realizada la votación y con los resultados a la vista, se debe buscar acercamientos entre los diferentes actores de la realidad nacional, como único camino posible para avanzar como país, en medio de todas las incertidumbres que estamos viviendo.

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